Catedra Libre De Derechos Humanos

UCV

La dimensión no reportada: la psicosocial

Posted by clddhh.ucv en enero 7, 2012

El constante clima de confrontación política e inseguridad que reina en la ciudad, afecta negativamente la percepción de bienestar de los ciudadanos y compromete su salud mental. La queja social ha inundado todos los espacios de la vida cotidiana y se interpreta como una situación “normal” y no como un síntoma del malestar social.

Los consultorios médicos tanto públicos como privados, han aumentado sus consultas, y hay significativos reportes de la relación entre stress laboral y social con repuntes de enfermedades psicosomáticas.

En una investigación en proceso (Acosta, 2010) donde se entrevistan especialistas de salud, todos reportan elevación en las consultas y enfermedades por situaciones de estrés y acoso laboral por persecución política. Todos los especialistas que participan en la investigación tienen más de 20 años de ejercicio profesional y marcan un antes y un después de esta situación generalizada de polarización y conflicto en el país.

La ingesta de medicamentos antidepresivos y ansiolíticos también ha aumentado entre los pacientes e inclusive medicamentos de corte natural como las infusiones, son escasas en estos momentos.

Entre las enfermedades reportadas, tenemos: alteraciones del estado de animo (irritabilidad, depresiones), trastornos de ansiedad (ataques de pánico, ansiedad generalizada), trastornos de conducta alimentaria, de sueño (insomnio primario, hipersomnia), somatizaciones, trastornos sexuales (disminución del deseo, de la función sexual, del orgasmo) y estallidos de episodios maniacos y depresivos mayores, desencadenados por factores sociales como pérdida del empleo y presiones laborales.

A nivel social, hay miedo en las personas y en la sociedad, en consecuencia, se lleva una vida temerosa. El efecto que buscan esencialmente quienes ejercen la política de la violencia y el miedo, es paralizar al individuo y a la sociedad. Si a estas estrategias le sumamos la exposición mediática a la que estamos sometidos (noticias sobre secuestros, criminalidad, inseguridad, etcétera), y más de 1300 horas de cadenas presidenciales (Castellanos, 2009) donde se amenaza, se utiliza un lenguaje bélico y se auspicia la eliminación del “otro”, del adversario político, visto como enemigo, entonces aparecen las ideas de impotencia, inseguridad, de angustia y temores. También se produce el aislamiento, el “querer no saber” o “no meterse” en determinadas situaciones, la autocensura y la evitación de los espacios públicos, tanto para el disfrute como para la participación política y finalmente, la fragmentación social. La política del miedo, funciona entonces como un mecanismo de control social porque entorpece los niveles organizativos de la sociedad, rompe el tejido social, los lazos de solidaridad y el sentido de comunidad.

En resumen, hay una terrible consecuencia psicosocial: la devaluación de la vida. No hay valor del ser humano per se, sino por su condición política, dependiendo si pertenece a un grupo u otro.

Yorelis J. Acosta

UCV


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