Catedra Libre De Derechos Humanos

UCV

Semana Santa y Derechos Humanos.

Posted by clddhh.ucv en abril 2, 2012

En esta semana que recién se inicia, el mundo celebra la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.  Es este un tiempo, en especial para los cristianos, de reflexión, meditación, propósito de enmienda y, finalmente, de celebración por la victoria que Jesús de Nazareth alcanzó sobre la muerte, concediéndonos así –según la ortodoxia de la Iglesia- la salvación de los pecados.

Apenas terminada la llamada Semana Santa, el pueblo hebreo celebra el Pésaj (Pascua), conmemoración de la Libertad concedida por Dios al pueblo de Israel de la esclavitud a la que fue sometido en Egipto, en tiempos de Moisés.  La festividad dura siete días (ocho en la Diáspora), y durante ella está prohibida la ingestión de alimentos derivados de cereales (trigo, cebada, centeno, avena y espelta) fermentados, llamados en hebreo Jametz (חמץ) (la raíz de la palabra indica «fermentación»). En su lugar, durante la festividad se acostumbra a comer Matzá (מצה), o pan ácimo[1].

Ahora bien, además de pensar seriamente sobre el lugar en el que dejamos guardado la última vez el traje de baño para ir a la playa, o bien para disfrutar del buen cine o de la mejor literatura, cabe cuestionarse si estos hechos religiosos, la Semana Santa y el Pésaj, por citar dos ejemplos, tienen alguna clase de relación con el Derecho, e –incluso- con lo que constituye el objeto de la Cátedra Libre, los Derechos Humanos.

Para algunos, la respuesta afirmativa pareciera una simpleza.  Los artículos 18, 26.2 y 26.3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclaman el derecho a la libertad religiosa; incluyendo el derecho a cambiar de credo, de manifestar, pública o privadamente, las creencias personales de cada quien y de transmitirlas a otros, por medio de la enseñanza.

Sin embargo, lo que para nosotros es símbolo de cotidianidad, descanso, vacación y –a veces- reflexión, para otros representa persecución, castigo, e incluso en ocasiones la muerte.  Y para ello no debemos acudir a escenas circenses de lapidación de jóvenes predicadores cristianos, o de desiguales enfrentamientos con felinos, a lo Quo Vadis.

Sin ir muy lejos, piénsese en las diversas formas de represión que –en el contexto del hecho religioso- tuvieron lugar en Cuba, con ocasión de la visita de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI a las ciudades de Santiago de Cuba y La Habana.  En la primera de estas ciudades, en la misa celebrada en la plaza en honor del «Titán de Bronce», Antonio Maceo, el cubano Andrés Carrión Álvarez gritó “abajo el comunismo”, lo que le mereció la privación de su libertad –situación que se mantiene al momento de redactar estas líneas- y una terrible golpiza, propinada por un sujeto identificado con los símbolos de la Cruz Roja Internacional…

En el mismo orden de ideas, la conocida bloguera cubana Yoani Sánchez, @yoanisanchez, dio cuenta de la llamada “Operación Voto de Silencio”, consistente en mantener alejados a determinadas personalidades de la disidencia cubana de los actos oficiales celebrados por Benedicto XVI, de modo de impedirles el ejercicio de los derechos de manifestación pública de su pensamiento, conciencia y religión; usemos, por su pertinencia, la redacción del propio artículo 18 de la Declaración.

Pensemos ahora en hechos que, por su aparente sencillez, no dejan de constituir –por vía de la lesión directa a otros derechos humanos- un cerco al ejercicio del derecho humano a tener una religión, y a practicarla libremente.  ¿Desde cuándo no se celebra en Venezuela una vigilia de resurrección, o de Pentecostés, o una Misa de Gallo, a las horas en las que tradicionalmente estas celebraciones Eucarísticas deben llevarse a cabo, es decir, a la medianoche, por causa de la inseguridad?  ¿Recuerda ud., acaso, el brutal asalto del que fue objeto la Sinagoga «Tiféret Israel», sede de la Asociación Israelita de Venezuela, en 2009?  Vayamos a un hecho un tanto más “cotidiano”: ¿Se siente ud., estimado lector, absolutamente tranquilo al circular por la calle con una cadena de algún metal valioso, que tenga como dije al símbolo de su credo (la Cruz, la Estrella de David, la Media Luna, etc.?).

Por otra parte, no son pocos los intentos de secularización de la sociedad, a veces desde el propio Estado, que atentan contra la libertad de credo y que plantean delicados problemas, de los que el iusfilósofo alemán Robert Alexy tendría por supuestos de aplicación de la Ley de Ponderación.  Recuérdese, por ejemplo, el caso de la prohibición del uso de la Burka, prenda de vestir que puede interpretarse como símbolo de la humildad impuesta por El Corán, o bien como muestra de brutal represión de corte chauvinista, en las escuelas francesas, sólo por citar un ejemplo, y no abusar del espacio generosamente concedido.

Como puede verse, hasta en el hecho humano más simple hay Derechos Humanos involucrados.  Todo lo humano tiene relación con los Derechos Humanos.  Si bien es mucho lo avanzado, sobre todo en materia de positivización de estos derechos, ello es claramente insuficiente.  Es mucho el camino que –todavía- debe avanzarse en la protección de los Derechos Humanos; una pequeña muestra la constituyen los hechos antes expuestos, símbolo de que –quizá- la playa no sea todo lo que hay que hacer en Semana Santa, después de todo.  En las palabras del Santo Padre,

“El puro positivismo de los derechos humanos como tal no puede ser, en ningún sentido, la última palabra. Tal vez sea suficiente para una Constitución, pero para nuestro debate cultural humano, para nuestro encuentro con las demás culturas, es insuficiente. Este positivismo es, sin embargo, solo la fachada de un dilema más profundo. Como no existen ya grandes inspiraciones para nuestros grandes principios éticos, para la dignidad humana, se llega al positivismo. De hecho, también el ‘patriotismo constitucional’ de Habermas es positivismo. En nuestro debate dijo que la Constitución de por sí produce moralidad. Pero eso no es verdad: tiene necesidad de fuerzas que la precedan. Tenemos que reencontrar y despertar estas fuerzas”[2]

En este contexto, es mucho el trabajo que aguarda por el aporte entusiasta de personas y organizaciones que, como la Cátedra Libre y Voluntariado en Derechos Humanos de esta Facultad, pueden hacer para lograr el pleno y efectivo goce de nuestras garantías fundamentales.  Valga la ocasión, entonces, para invitarle a participar.  No se arrepentirá.  ¡Feliz Pascua de Resurrección!


[1] Consultado en http://bit.ly/dIKO0T.

[2] Consultado en http://bit.ly/HEbguD

Carlos E. Weffe H.

@Cweffe

Miembro del Comité Académico de la Cátedra Libre

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: